Las escalas fenológicas, cómo anotar lo que ves para que sirva de modelo

Escribir “ya floreció” en un cuaderno no es un registro, es un recuerdo con fecha. Para que dos años de observación se conviertan en una constante propia hace falta que la etapa tenga un código, que el árbol tenga un número y que el que anota el lunes anote lo mismo que anotó el lunes anterior.

Las escalas fenológicas, cómo anotar lo que ves para que sirva de modelo

La creencia más extendida sobre los modelos de cultivo es que la parte difícil es el modelo. Se asume que observar el lote es lo sencillo, lo que cualquiera hace mirando, y que la complicación empieza cuando hay que calcular. Es exactamente al revés. La suma de grados día es aritmética de primaria y se hace en diez minutos con una libreta. Lo que arruina las series propias, campaña tras campaña, es el registro: etapas descritas con palabras que cada persona entiende distinto, árboles que cambian de un recorrido a otro, semanas en blanco sin explicación, y un cuaderno que al final del año no permite decir en qué fecha el lote estaba en qué estado.

Eso tiene una consecuencia incómoda para quien quiera construir su propia constante térmica. Un modelo tosco calibrado con observaciones propias predice mejor en tu finca que un modelo sofisticado tomado de la literatura, porque la calibración local absorbe el error de la constante. Pero esa ventaja depende por completo de que las observaciones propias sean comparables entre sí, y un registro inconsistente no es un modelo tosco, es ruido con fechas. Dos años de libreta mal llevada no se pueden arreglar después con estadística.

“Ya floreció” no es un registro

Vale ver qué le falta a esa frase. Le falta cuál es el árbol, porque si el recorrido de esta semana miró unos árboles y el de la semana entrante mira otros, la serie mezcla individuos y la variación entre árboles se confunde con el avance en el tiempo. Le falta el grado, porque un lote con los primeros botones abiertos y un lote en plena antesis están en momentos distintos y las dos cosas se dicen igual. Le falta la fecha exacta en que se observó, no la fecha en que se anotó. Y le falta que la etapa esté definida de una manera que no dependa de quién mira.

Ese último punto es el que decide si la serie sirve. Dos personas recorriendo el mismo lote el mismo día pueden registrar etapas distintas si lo que las separa es su criterio y no un código. El problema no es de honestidad ni de capacitación, es de definición: mientras el estado se describa con adjetivos, cada observador va a poner el umbral en un lugar diferente, y la diferencia entre observadores va a quedar sumada dentro de la diferencia entre fechas. Cuando después calcules una constante con esos datos, la constante va a cargar el desacuerdo de tu cuadrilla.

Un registro utilizable es entonces bastante más corto de lo que parece y bastante más estricto. Necesita un árbol identificado, una fecha de observación, un código de etapa tomado de una escala publicada, y el nombre de quien observó. Cuatro columnas. Lo que no necesita es descripción libre, que es justamente lo que la mayoría de los cuadernos tiene.

La escala BBCH, dos cifras que vuelven comparable lo que cada uno ve

La herramienta que resuelve eso existe desde hace décadas y es gratuita. La escala BBCH codifica los estados de desarrollo de las plantas con dos cifras, la primera para diez estados principales numerados del 0 al 9, desde la germinación hasta la senescencia, y la segunda para subdividir cada principal en diez estados secundarios, también del 0 al 9. El código no describe, define. Un número corresponde a un estado con criterio verificable, y por eso dos observadores entrenados en la misma escala convergen, mientras dos observadores describiendo con palabras no.

Para los cultivos perennes del trópico hay una variante que importa y que casi nadie usa. Las especies con crecimiento rítmico, que tienen más de un ciclo de crecimiento al año, se codifican con una escala BBCH extendida de tres cifras, donde la cifra del medio identifica el brote o el ciclo intermedio al que pertenece la observación. Guarda ese detalle de la tercera cifra, porque es lo que decide si tu serie de café o de aguacate se puede sumar o si se está sumando lo que no se debe. Café, aguacate y cítricos florecen más de una vez al año, de modo que la escala de dos cifras alcanza para decir en qué estado está un fruto pero no para decir de cuál floración salió.

Las dos escalas que te sirven directamente ya están publicadas. Para café existe una aplicación de la escala BBCH extendida que describe los estados de crecimiento desde la germinación y la propagación vegetativa, pasando por el desarrollo de hojas, la formación y elongación de ramas, el desarrollo de la inflorescencia, la floración, el desarrollo del fruto, la maduración del fruto y la semilla, hasta la senescencia. Para aguacate existe otra que detalla los estados desde la dormancia vegetativa hasta la madurez comercial de cosecha, y que fue construida explícitamente para ayudar a estandarizar observaciones hechas en ambientes distintos o bajo condiciones experimentales distintas. Como ya lo abordamos en nuestro blog ¿Qué ven realmente las máquinas cuando miran tus cultivos?, que puedes leer aquí, un sensor entrega una señal pero no un diagnóstico; la escala es lo que convierte lo que un ojo humano ve en un dato que otro humano, y después un modelo, puede leer sin reinterpretarlo.

¿Qué ven realmente las máquinas cuando miran tus cultivos?

Cuántos árboles, cuántas ramas y cada cuánto

La pregunta práctica siguiente es cuánto esfuerzo exige esto, y la respuesta publicada es más modesta de lo que se teme. En estudios de fenología de huertos frutales, un protocolo habitual observa tres árboles por parcela, caracterizando en cada uno una rama orientada al norte y una al sur, según la escala BBCH. Tres árboles y dos ramas. La orientación no es un detalle estético: la rama expuesta y la rama sombreada avanzan a ritmos distintos y promediarlas es parte de lo que hace que el dato represente al árbol y no a una cara del árbol.

La intensidad se concentra donde el desarrollo es rápido. El trabajo que construyó la escala BBCH del aguacate marcó 79 yemas distribuidas en 15 ramas y midió una vez por semana durante los primeros meses y dos veces por semana en la ventana de floración, a lo largo de dos campañas consecutivas. Ese es el patrón que conviene copiar: frecuencia baja en las fases largas, frecuencia alta en las fases donde el estado cambia en días. Registrar cada quince días durante la floración es garantizar que te vas a perder el evento que querías fechar.

Hay una decisión de diseño que vale más que la frecuencia, y es marcar los árboles de forma permanente. Una cinta con número en el tronco convierte la serie en una serie de individuos seguidos en el tiempo, lo que permite calcular cuánto varía el mismo árbol de una semana a otra y cuánto difieren los árboles entre sí. Sin árboles marcados tienes una secuencia de fotos de lotes distintos, y de ahí no sale ninguna constante.

Saber que todos en la finca anotan la misma etapa

¿Si mañana el mayordomo y el agrónomo recorren el mismo lote por separado, van a anotar el mismo código de etapa en los mismos árboles? En la mayoría de las fincas la respuesta honesta es que no se sabe, porque no hay forma de comparar, y ese desacuerdo invisible es lo que después hace que dos años de registro no sirvan para calibrar nada. Harvis te ayuda a que el recorrido se registre desde el celular con la escala del cultivo ya cargada, de modo que quien observa elige un código y no escribe una frase, a que cada árbol marcado tenga su historia propia, a ver la dispersión entre observadores y entre árboles antes de que contamine la serie, y a cruzar la etapa observada con la acumulación térmica del lote para que la constante salga de tus datos. Escríbenos y lo montamos sobre los lotes y los recorridos que ya haces.

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De la libreta a la constante, cómo sale tu propia temperatura base

Con dos series alineadas, la etapa observada y la temperatura diaria, se puede estimar la temperatura base del lote en vez de copiarla. Los métodos están establecidos y la revisión más reciente sobre modelos de grados día de floración a cosecha los nombra con precisión: el de menor desviación estándar en los grados día acumulados, el de menor coeficiente de variación, y el del coeficiente de regresión.

La lógica del primero es la más fácil de ejecutar y la más fácil de explicar. Tomas varias campañas o varios lotes en los que observaste el mismo tramo de desarrollo, por ejemplo de floración a madurez fisiológica. Para una temperatura base candidata, digamos 8 grados, calculas los grados día acumulados de ese tramo en cada caso y mides qué tan dispersos quedan esos totales entre sí. Repites con 9, con 10, con 11, con 12. La base correcta es la que deja los totales más parecidos entre casos, porque si la constante es la verdadera, el mismo tramo de desarrollo debería exigir el mismo calor acumulado independientemente del año o de la altura. La dispersión mínima es la señal. El método del coeficiente de variación hace lo mismo expresando la dispersión como proporción del promedio, que es preferible cuando comparas tramos de duración muy distinta.

Esos métodos requieren repeticiones, y de ahí sale el único número de esfuerzo que importa en este tema. Una sola floración al año te da un dato por año, de modo que dos años son dos puntos y tres años son tres. Si tu cultivo tiene dos floraciones aprovechables al año, como ocurre en buena parte de la caficultura colombiana, dos años te dan cuatro puntos y el ejercicio se vuelve viable mucho antes. Comparar varios lotes de distinta altitud en la misma campaña agrega puntos sin esperar, y es la razón práctica para registrar en más de un lote desde el principio.

La revisión es explícita en una advertencia que conviene adoptar antes de empezar. El valor estimado de la temperatura base varía considerablemente según la metodología usada para determinar el umbral y según el modelo de grados día elegido. No existe una base verdadera esperando ser descubierta; existe una base que, con tu método y tus datos, minimiza la dispersión de tus observaciones. Varios autores señalan que estos procedimientos tienen base estadística más que fisiológica, y que el parámetro resultante puede no tener interpretación biológica directa. Eso no lo invalida para predecir, lo invalida para discutir.

Por qué dos años de libreta pueden salir peor que un número publicado

El primer límite es el que acabamos de nombrar y merece quedar escrito como advertencia de uso. Una base calibrada con pocos datos y con dispersión alta puede quedar peor que el valor publicado para la especie. La calibración local gana cuando la serie es consistente; cuando no lo es, importa el error de tu registro en vez del error de la literatura, y al menos el de la literatura está documentado.

El segundo límite es el de la tercera cifra que dejamos guardado arriba. En un cultivo con varias floraciones al año, las etapas observadas en frutos de ciclos distintos no se pueden promediar ni sumar en la misma serie, porque pertenecen a relojes que arrancaron en fechas diferentes. Un lote de café con cuatro floraciones tiene cuatro cohortes de fruto conviviendo en la misma rama, y un registro que no identifique a cuál pertenece cada observación va a producir una curva de desarrollo que no corresponde a ningún fruto real.

El tercer límite es que el método de muestreo cambia el resultado, no solo su precisión. Trabajos que compararon metodologías de muestreo fenológico encontraron que los índices obtenidos dependen del procedimiento con que se recolectaron las observaciones, y existe literatura específica dedicada a comparar métodos para estimar el desarrollo estacional a partir de registros en escala BBCH. En términos de finca, cambiar de protocolo a mitad de la serie, de tres árboles a diez, o de quincenal a semanal, rompe la comparabilidad igual que cambiar de observador. Si vas a cambiar algo, cámbialo al inicio de una campaña y anótalo.

El cuarto punto es sobre la transferencia de las cifras. Los tres árboles con dos ramas, las 79 yemas en 15 ramas y la frecuencia semanal o bisemanal corresponden a diseños experimentales concretos, con sus objetivos y sus cultivos. Lo que se transfiere es el principio, individuos marcados e identificados, código en vez de descripción, frecuencia alta en las fases rápidas y un protocolo que no cambia dentro de la serie. El tamaño de muestra se transfiere como piso, no como receta, y si tu lote es muy heterogéneo tres árboles no lo van a representar.

Tres árboles, dos ramas y un código de dos cifras

El ejercicio no exige comprar nada, y es el único de esta serie cuyo insumo principal es disciplina. Elige un lote y marca tres árboles representativos con cinta numerada, en el tercio medio del lote y no en el borde. En cada árbol identifica dos ramas, una orientada al norte y otra al sur, y márcalas también.

Baja la escala publicada de tu cultivo e imprime una sola hoja con los códigos que de verdad vas a usar, que son los de desarrollo de inflorescencia, floración, desarrollo del fruto y maduración. No imprimas la escala completa. Una hoja con ocho o diez códigos, con su descripción en una línea cada uno, es lo que cabe en el bolsillo de quien hace el recorrido, y lo que no cabe no se usa.

Haz el recorrido una vez por semana y dos veces por semana cuando veas botones. En cada visita anota cuatro cosas por rama, la fecha, el número del árbol, el código de etapa y quién observó. Nada más. Si una rama tiene frutos de dos floraciones distintas, anota dos renglones y señala a cuál cohorte pertenece cada uno, que es el detalle que después salva la serie.

Una vez al mes repite el recorrido con dos personas distintas el mismo día, sin que se consulten, y compara los códigos. Las diferencias que aparezcan son tu error de observación, y conviene conocerlo antes de calcular cualquier constante. Si las dos personas discrepan en más de un código secundario, el problema está en la hoja impresa y no en la gente.

Al cierre de la campaña cruza la columna de etapas con el acumulado térmico del lote y escribe una tabla de dos columnas, código de etapa y grados día acumulados hasta alcanzarlo. Esa tabla, con dos campañas encima, es tu modelo. No va a ser elegante y va a tener huecos, pero está hecha con tu variedad, tu altitud y tu sombra, y ninguna de esas tres cosas aparece en los números publicados.

Lo que no anotas no lo puedes predecir

Hay una asimetría que explica por qué tan pocas fincas tienen series propias. El costo de registrar se paga todas las semanas y el beneficio llega dos años después, de modo que el ejercicio compite todos los lunes contra labores que rinden ese mismo día y pierde. Pero el dato que no se tomó no se puede recuperar: una floración no registrada no vuelve, y la campaña que pasó sin libreta es una campaña que ya no va a entrar nunca en tu calibración. Es el único insumo de la finca que no se puede comprar después, ni más caro.

Lo que puedes hacer a partir del lunes cabe en cinco decisiones. Marca tres árboles con cinta numerada en tu lote principal e identifica dos ramas en cada uno, porque sin individuos fijos no hay serie sino una sucesión de miradas. Imprime una hoja con los ocho o diez códigos de la escala de tu cultivo que realmente vas a usar, ya que una escala completa no entra a un recorrido y una hoja corta sí. Cambia la descripción libre por el código en la planilla, dado que es lo único que hace que dos observadores anoten lo mismo. Sube la frecuencia a dos veces por semana cuando aparezcan botones, porque esa es la fase donde el estado cambia en días y donde se pierden las fechas que querías. Y una vez al mes manda a dos personas al mismo recorrido por separado para medir cuánto discrepan, que es tu verdadero margen de error y nadie más te lo va a calcular. El productor que termine dos campañas con árboles marcados, códigos y etapas fechadas va a poder estimar su propia temperatura base y predecir con ella; el que siga anotando “ya floreció” va a seguir pidiendo prestada una constante que no sabe de dónde salió.

¿Quieres que los recorridos de tu finca queden registrados con la escala del cultivo y cruzados con la temperatura de cada lote, para que la constante salga de tus datos y no de un artículo? Escríbenos por WhatsApp o agenda una demo y te mostramos cómo Harvis convierte un recorrido semanal en la serie que necesitas para calibrar.

Referencias consultadas

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