El Niño y su impacto en el cultivo de cítricos en Colombia:

¿Qué le pasa al árbol, a la fruta y a la cosecha cuando el agua falta?

El Niño y su impacto en el cultivo de cítricos en Colombia:

A propósito de nuestra visita al seminario Modo Agro, impulsado por Citri Caldas, queremos abordar el impacto que tiene el fenómeno de EL Niño en la producción citrícola colombiana, un sector que supera el millón de toneladas anuales de fruta fresca, entre naranja Valencia, Ombligona, limón Tahití y mandarina. Al consolidarse como un motor clave para el desarrollo rural, la generación de empleo y el ingreso de divisas por exportación, esta industria se posiciona como uno de los renglones agroalimentarios de mayor crecimiento en el país. Por lo tanto, proteger su estabilidad productiva ante las amenazas climáticas no es solo una prioridad agrícola, sino una urgencia económica que demanda atención inmediata y estrategias desde lo más técnico en el manejo agronómico.

Quien ha producido cítricos en Colombia durante un fenómeno de El Niño sabe que el problema no se limita solamente a que llueva menos, sino más bien a cambios como: la forma en que el árbol florece, cuánta fruta cuaja, qué tamaño alcanza, cómo se ve la cáscara y hasta qué plagas aparecen primero. Esta entrada intenta juntar lo que dice la literatura científica con lo que se observa en finca, para entender por qué pasa lo que pasa y qué se puede hacer, desde el riego y la nutrición hasta la manera de estimar cuánta fruta se va a cosechar en las próximas semanas.Una aclaración antes de empezar: casi todo el conocimiento publicado sobre fisiología de cítricos viene de zonas subtropicales como Florida, California, el Mediterráneo o São Paulo, donde hay una estación fría que ordena el ciclo. En el trópico colombiano esa estación no existe, ocasionando cambios importantes y por supuesto, hace muy interesante el análisis del comportamiento de los cítricos en estos escenarios, es por ello que quiero resaltar a continuación, en cada punto que es evidencia directa y qué hay que adaptar con criterio.

¿Pero entonces... ¿Qué hace EL Niño en el clima colombiano?

Como lo hemos mencionado en ediciones anteriores, El niño es, junto con la ZCIT (Zona de Convergencia Inter Tropical), el factor que explica la variabilidad interanual de lluvia en Colombia, pues durante la fase cálida del Pacífico se reducen de forma notable las precipitaciones y los caudales en buena parte de las regiones Andina y Caribe, lo que resulta en el aumento de las temperaturas medias y la radiación incidente por disminución en la nubosidad. Para el caso del citricultor esto se traduce en una combinación de varios factores como: menos agua en el suelo, mas demanda atmosférica y mas energia directa en hojas y frutos que conllevan a que el árbol sufra mas.El concepto clave aquí es el déficit de presión de vapor, o DPV. Con aire más caliente y seco, la diferencia entre la humedad dentro de la hoja y la del ambiente se dispara, haciendo que el árbol pierda agua más rápido de lo que la raíz puede reponerla, incluso si todavía queda humedad en el suelo. Por eso en un Niño fuerte se ven árboles marchitos al mediodía en lotes que, según el tensiómetro, no estaban tan secos. Los cítricos son bastante sensibles en este aspecto: cierran estomas a potenciales hídricos foliares relativamente moderados priorizando su supervivencia y con ellos se frena la fotosíntesis que desencadena una inevitable caída de flores y frutos pequeños, afectando los que logran quedarse en el árbol reduciendo la productividad del cultivo.(Syvertsen, 1982; Syvertsen y Lloyd, 1994).

¿Cual es la diferencia entre un cítrico tropical y uno subtropical?

En España o en Estados Unidos, el invierno induce la floración, las bajas temperaturas activan el gen CiFT que llevan al árbol a diferenciar yemas florales, y por ello hay una floración principal en primavera y una cosecha muy bien delimitada.En el trópico, donde las noches no bajan su temperatura lo suficiente, el estímulo que cumple el papel de inducción floral es el estrés hídrico que eleva los niveles de Ácido abscísico deteniendo el crecimiento vegetativo e induciendo la respuesta floral en el meristemo, pues se ha demostrado que períodos de sequía de unas semanas, seguidos de una lluvia o un riego, los árboles absorben agua, se hidratan y las yemas responden masivamente a inducir floración intensa en limones y otros cítricos en regiones tropicales.(García-Luis et al., 1995; Valiente y Albrigo, 2004)Teniendo en cuenta lo anterior, en Colombia tenemos dos épocas de lluvia bien marcadas (marzo-mayo y septiembre-noviembre) interrumpiendo dos épocas secas. Esto genera habitualmente dos cosechas principales al año (la cosecha principal y la "mitaca" o traviesa). Sin embargo, como el clima tropical no es perfecto, pueden caer precipitaciones en cualquier mes lo que ocasiona:

  • Distintas cohortes de producción de yemas: Una rama que sufrió estrés en enero florece en febrero con las primeras lluvias y dará fruta lista para cosechar en septiembre-octubre.
  • Floraciones extemporáneas: Si cae un aguacero fuerte en medio de un veranillo de junio, solo las yemas que estaban genéticamente preparadas responderán floreciendo.
  • Coexistencia de etapas: Mientras una rama nueva está en floración, las ramas vecinas todavía están alimentando los frutos de la floración anterior (frutos verdes o ya amarillos/maduros), eso quiere decir, que en un mismo árbol puede haber flor, fruto verde y fruta madura al mismo tiempo, y las cosechas "fuertes" no coincidan con un calendario fijo sino que se definan a partir de las temporadas secas y las lluvias que las siguieron. Este fenómeno se conoce como superposición de estados fenológicos.

Con El Niño este mecanismo se vuelve un arma de doble filo. Una sequía moderada seguida de lluvia puede producir una floración abundante. Una sequía prolongada y severa, en cambio, llega con el árbol sin reservas, y la flor que sale cuaja mal o cae.De ahí que la caída fisiológica de frutos sea uno de los efectos más visibles. Los frutos jóvenes compiten por carbohidratos y reguladores de crecimiento, y cuando el árbol está estresado y fotosintetiza poco, abandona los de menor jerarquía (Iglesias et al., 2007). Nebauer et al. (2011) mostraron además que la fotosíntesis se regula a la baja cuando el árbol acumula carbohidratos que no puede usar, un recordatorio de que la relación fuente - vertedero importa tanto como el agua disponible. Y como la carga de fruta del árbol también influye en la floración siguiente, es por ello, que lo que pase hoy con el cuajado se refleja meses después (Verreynne y Lovatt, 2009).

El fruto de los cítricos sigue una curva de crecimiento en tres fases: Primero viene la división celular, después un período de crecimiento rápido por expansión de las células, y por último una fase de maduración en la que el crecimiento se desacelera y cambian los azúcares, los ácidos y el color. No todas las fases toleran igual la falta de agua. Ginestar y Castel (1996), trabajando con clementinas, vieron que el déficit en la fase de expansión penaliza el tamaño final mucho más que el déficit en la fase de maduración. Pérez-Pérez et al. (2009), con naranja Lane Late, encontraron que un déficit controlado en la fase tardía casi no afectó el rendimiento y mejoró algunos parámetros de calidad.Para Colombia la dificultad es que, con floraciones escalonadas, un mismo lote tiene frutos en distintas fases cuando llega la sequía. Una misma semana de déficit puede ser tolerable para la fruta que ya está madurando y dañina para la que apenas está empezando a expandirse. Esa mezcla es la razón principal por la que conviene registrar cada floración por separado, algo a lo que vuelvo más adelante.

El efecto de la sequía sobre la calidad es más matizado de lo que se suele pensar. Con déficit hídrico moderado, el contenido de sólidos solubles y de acidez en el jugo tiende a subir, en parte por concentración y en parte porque el árbol acumula azúcares y ácidos orgánicos activamente (Hockema y Etxeberria, 2001; Ballester et al., 2011). Hutton y Loveys (2011) observaron resultados parecidos con riego en secado parcial de raíces. El precio que se paga es un fruto de menor calibre y, si el estrés es severo, menor rendimiento total.En la práctica colombiana el panorama es más complicado. El calibre pequeño castiga el precio en el mercado fresco, y el porcentaje de jugo puede caer cuando la cáscara se engruesa o el fruto se deshidrata en el árbol. Después de una sequía prolongada, la lluvia repentina puede provocar partidura o agrietamiento por el cambio brusco de turgencia en las paredes celulares, algo que se ve con frecuencia en mandarinas y tangelos. Y en el trópico hay un detalle de color: sin noches frías que degraden la clorofila de la cáscara, muchas naranjas y mandarinas maduran con cáscara verde o con "reverdecimiento", lo que no tiene nada que ver con la madurez interna pero sí con la aceptación comercial.

El microclima de un cultivo de cítricos lo definen la densidad de siembra, la forma de la copa, la cobertura del suelo, el viento y la nubosidad. Con El Niño, el cielo despejado aumenta la radiación directa sobre la fruta expuesta, y la temperatura de la superficie del fruto puede superar en varios grados la del aire. Cuando se pasa cierto umbral, aparecen los daños por radiación: manchas bronceadas o pardas en el lado del fruto que mira al sol, hundimientos de la cáscara y, en casos fuertes, necrosis del flavedo o tejido de la cáscara. Lo que descartamos como "quema de frutos" suele ser una mezcla de calor, radiación ultravioleta y radiación fotosintéticamente activa en exceso que supera la capacidad de protección del tejido (Schrader, 2011).Las hojas también pagan. A temperaturas foliares altas y con estomas cerrados, la fotosíntesis cae y aparece fotoinhibición. Una de las herramientas más estudiadas para amortiguar este efecto son las películas de partículas, sobre todo con caolín. Jifon y Syvertsen (2003) reportaron que el caolín en pomelo mejoró la fotosíntesis y la eficiencia en el uso del agua al bajar la temperatura de la hoja, y Glenn et al. (2002) explicaron los mecanismos físicos de reflexión de radiación en manzano, que son aplicables a otros frutales como en este caso los Cítricos. No es una solución universal: hay que cuidar el momento de aplicación, la calidad del producto y la limpieza de la fruta en cosecha, pero para lotes con frutos muy expuestos es una opción razonable.En definitiva, la combinación de poda estratégica y protectores solares ayuda a frenar el daño mecánico y fisiológico causado por la radiación. No obstante, el verdadero desafío de El Niño se consolida cuando la alta radiación se suma al déficit hídrico prolongado. Este estado de estrés en el árbol no solo altera su metabolismo, sino que altera sensiblemente el microclima del lote, abriendo la puerta a un escenario donde la sequía actúa como un catalizador decisivo para el aumento de plagas.Basado en lo anterior, abordaremos una serie de factores de gran importancia que juegan un papel fundamental en cítricos y el protagonismo que las epocas de mayor sequía tiene sobre ellos:

1. ¿Por qué la sequía favorece las plagas?

La relación entre estrés hídrico y plagas ha sido discutida durante décadas. White (1984) propuso que los tejidos de plantas estresadas se vuelven nutricionalmente más favorables para insectos succionadores, porque aumenta la concentración de nitrógeno soluble, y Huberty y Denno (2004) revisaron la evidencia y concluyeron que el efecto depende del tipo de herbívoro: los que se alimentan del floema o de contenido celular, como ácaros, trips y áfidos, suelen beneficiarse del estrés, mientras que los masticadores responden de forma menos consistente.Eso encaja con lo que se ve en campo. En épocas secas aumentan los ácaros, entre ellos el ácaro del tostado de los cítricos y las arañitas rojas, lo mismo que los trips que raspan la epidermis de frutos pequeños, que quedan con cicatrices por ese daño temprano. Davies y Albrigo (1994) y Agustí (2003) describen con detalle esas dinámicas. A esto se suman las brotaciones sincronizadas que siguen a la primera lluvia, que atraen al psílido asiático Diaphorina citri, vector de la bacteria asociada a HLB Huanglongbing, una amenaza fitosanitaria que ocupa un lugar central en la citricultura colombiana. Un árbol estresado, con menos reservas, tiene menos capacidad de tolerar el daño. Por eso el monitoreo de plagas en un año Niño conviene intensificarlo en lugar de relajarlo.

2. Agua: ¿Qué hacer cuando hay poca?

La primera pregunta es cuánta agua necesita realmente el árbol. La metodología de la FAO (Allen et al., 1998) calcula la demanda a partir de la evapotranspiración de referencia y un coeficiente de cultivo que, para cítricos, ronda entre 0,65 y 0,75 según haya o no cobertura vegetal activa entre las calles. Conocer ese número por finca, con datos de una estación meteorológica propia o cercana, permite dejar de regar por costumbre y regar por balance.Cuando el agua escasea de verdad, el riego deficitario controlado es una de las estrategias mejor documentadas. Consiste en aplicar menos agua durante las fases en que el árbol es más tolerante y proteger los períodos críticos, como el cuajado y la expansión rápida del fruto (Ginestar y Castel, 1996; Pérez-Pérez et al., 2009; Ballester et al., 2011). El riego en secado parcial de raíces, que alterna el lado humedecido del árbol, también mostró ahorros importantes de agua con pérdidas mínimas de producción en naranjos (Consoli et al., 2017; Hutton y Loveys, 2011), aunque exige un diseño de riego que no todas las fincas tienen.Sin ir tan lejos, hay medidas que cualquier finca puede evaluar. Mantener una cobertura muerta o mulch bajo la copa reduce la evaporación del suelo. Controlar arvenses competidoras en el plato del árbol, sin dejar el suelo desnudo en toda la calle, protege la humedad. Reducir el tiempo entre riegos en microaspersión o goteo, aplicando láminas más pequeñas pero más frecuentes, mejora la absorción en suelos de textura ligera. Y el patrón también importa: la tolerancia a la sequía varía entre materiales como Cleopatra, Swingle citrumelo o los volkameriano promovidos ampliamente por el ICA, con diferencias claras en cómo mantienen la fotosíntesis bajo déficit y adaptación a diferentes tipos de suelos y clima (Medina et al., 1998; Castle, 2010), mejorar la productividad y el control de plagas/enfermedades (como la tristeza de los cítricos). Esa decisión se toma al sembrar, pero vale la pena tenerla en cuenta para las renovaciones.En zonas con riego de agua de calidad dudosa, la salinidad se suma al estrés y empeora todo lo anterior, como explican Syvertsen y García-Sánchez (2014). Con menos agua de lluvia que lave las sales, un riego con conductividad alta puede acumular problemas en la zona radical antes de que se noten en el follaje.

3. La nutrición y su relación con las prioridades en sequía

Hablar de agua sin hablar de nutrición deja la mitad del problema sin tocar. Un árbol bien nutrido tolera mejor el estrés, pero la sequía a su vez limita la absorción de nutrientes, porque la mayoría llegan a la raíz disueltos en agua o por difusión en un suelo húmedo.El potasio merece atención especial. Participa en la regulación osmótica y en el control de estomas, y se asocia con mayor tamaño de fruto y mejor calidad de jugo; Alva et al. (2006) revisaron cómo el manejo del potasio incide en producción y calidad, y Mattos Jr. et al. (2005) recogen recomendaciones para condiciones brasileñas que se parecen bastante a las colombianas en suelos ácidos y de baja fertilidad. El nitrógeno, en cambio, exige cuidado: Quiñones et al. (2007) mostraron que el fraccionamiento y el sistema de riego determinan cuánto del nitrógeno aplicado llega realmente al árbol y cuánto se pierde. En sequía, aplicar dosis altas de nitrógeno en suelo seco hace poco por el árbol y puede aumentar el riesgo de salinidad local y de brotación vegetativa desordenada, que consume reservas y atrae plagas.El calcio, el boro y el magnesio también aparecen en la lista cuando se trata de calidad de cáscara y de resistencia a las disfunciones fisiológicas. Lo más útil que se puede hacer en un año de Niño es apoyarse en el análisis foliar y de suelo, en lugar de aplicar el mismo programa de siempre. En el trópico hay que prestar atención a qué hoja se muestrea, porque sin una estación definida, la edad de la hoja y su relación con el ciclo de brotación y de fructificación cambia el resultado. Lo razonable es estandarizar el muestreo por lote, con hojas de edad parecida (por ejemplo, de cuatro a siete meses en brotes sin fruto), y repetirlo en las mismas condiciones para poder comparar entre años.Una idea práctica: en lugar de pensar en un programa anual, pensar en uno por evento de floración. Cada flujo de flor tiene su momento de demanda alta de nutrientes (cuajado, expansión, maduración) y conviene alinear la fertilización con esas ventanas y con la humedad disponible, no con el mes del calendario.En última instancia, nutrir los cítricos durante una sequía no se trata de seguir una receta fija, sino de leer el estado del árbol y actuar en sincronía con sus momentos de mayor demanda. Pero para nutrir con precisión, primero es necesario saber qué tan grande es el reto que se avecina. Esto nos lleva a un factor decisivo para el manejo estratégico de la finca: la predicción de cosecha, una herramienta fundamental no sólo para estimar el rendimiento y organizar la logística, sino para ajustar a tiempo las decisiones nutricionales según la carga de fruta que el árbol realmente podrá sostener.

¿Cómo estimar la cosecha de las próximas semanas cuando no hay un ciclo marcado?

A diferencia de las zonas subtropicales, donde una única floración concentrada simplifica la estimación de rendimiento, el trópico colombiano enfrenta el reto de la superposición de flujos florales. Aquí la clave no es contar fruta en un punto fijo del año, sino rastrear qué proporción de cada pulso floral alcanzará la madurez y en qué momento lo hará.El punto de partida sigue siendo el registro riguroso por lote: fecha de plena flor, intensidad y porcentaje de cuajado mediante escalas fenológicas BBCH adaptadas a cítricos tropicales. Tras la caída fisiológica, el seguimiento de la carga se realiza monitoreando la densidad de frutos por árbol. Para proyectar el calibre comercial, en lugar de depender de curvas teóricas rígidas, hoy se emplean funciones de crecimiento ajustadas por tiempo térmico (días-grado acumulados), lo que permite recalcular la velocidad de maduración según las fluctuaciones de temperatura y el estrés hídrico de cada temporada.Esta agronomía de campo se potencia hoy con tecnologías de agricultura de precisión y aprendizaje automático. La visión por computador (a través de imágenes tomadas con teléfonos inteligentes, sensores en maquinaria o drones) facilita el conteo rápido de frutos y flores en copa, mientras que modelos de machine learning (como Random Forest) permiten integrar datos históricos de rendimiento, variables climáticas e índices de vegetación (NDVI/NDRE). Si bien la densidad del follaje en cítricos aún impone límites a la detección puramente óptica haciendo del conteo visual un complemento y no un reemplazo total, la combinación de tiempo térmico, visión artificial y registros de campo ofrece estimaciones de volumen por semana cada vez más ajustadas.Sin embargo, hay que ser claros: ningún algoritmo o curva de crecimiento predice con exactitud las anomalías de un evento El Niño si no fue entrenado con datos de sequías extremas. En años atípicos, la estimación no debe entregarse como una cifra definitiva, sino como un rango de incertidumbre que se recalibra continuamente a medida que avanza la temporada.

En uno de nuestros blogs anteriores exploramos cómo los índices espectrales nos permiten monitorear el estado del cultivo desde el espacio, cómo interpretar métricas como el NDVI o el NDWI, y cómo sortear las limitaciones de nubosidad típicas de nuestra zona geográfica. Vale la pena retomar este concepto en el contexto de un evento El Niño, donde la teledetección pasa de ser una curiosidad tecnológica a una herramienta táctica de diagnóstico.Mientras que el NDVI nos muestra la densidad y el vigor del follaje, índices enfocados en la reflectancia de la clorofila y la hidratación de la copa (como el NDWI o el NDRE) detectan caídas en la presión de turgencia y en el contenido foliar de agua días o semanas antes de que el árbol muestre marchitez visual.En cultivos perennes como los cítricos de copa densa y follaje persistente los valores absolutos de estos índices cambian de forma lenta. Por ello, su verdadero valor agronómico no está en leer un número aislado, sino en detectar desviaciones frente al histórico del mismo lote y comparar la variabilidad intrínseca de la finca.

Índices que dicen más que el monitoreo convencional, cómo pasar de una mancha en el mapa…

¿Para qué nos sirven concretamente estos índices en cítricos durante una sequía?

  • Mapeo de variabilidad y zonificación del riego: Identifican qué zonas del lote sufren primero el déficit hídrico debido a variaciones en la textura del suelo o la topografía, permitiendo priorizar turnos de riego o ajustar la entrega de agua por sectores.
  • Detección temprana de defoliación y estrés: Permiten monitorear la pérdida sutil de área foliar por aborto de hojas o ataque de plagas secundarias asociadas a la sequía (como ácaros), orientando las visitas de monitoreo en campo hacia los "puntos calientes" (hotspots).
  • Evaluación de la uniformidad de la floración y brotación: Tras un pulso de lluvia en sequía, los cambios bruscos en el vigor espectral ayudan a cuantificar qué tan pareja fue la respuesta vegetativa o floral del lote, dato fundamental para proyectar el cuajado y ajustar la nutrición.
  • Optimización de insumos y fertilización foliar: Sirven de base para diseñar mapas de aplicación variable, evitando gastar bioestimulantes o nutrientes en áreas sanas y concentrándolos en árboles con estrés moderado para acelerar su recuperación.

La teledetección no reemplaza la agronomía de botas en tierra, sino que funciona como un sistema de alerta temprana: nos dice con precisión dónde y cuándo ir a mirar antes de que el daño en el rendimiento sea irreversible.

Harvis: unir el dato de campo, el clima y la predicción en un solo lugar

Todo lo anterior tiene un problema práctico: son muchos datos que viven en sitios distintos. Los conteos de fruta en una libreta, la fenología en la cabeza del técnico, el clima en una estación aparte, las imágenes satelitales en otra plataforma y las aplicaciones de insumos en una hoja de cálculo. Cuando llega el Niño y hay que decidir rápido, juntar todo eso consume el tiempo que no se tiene.Harvis nace para resolver esa parte. Es un sistema de gestión agrícola pensado para llevar la trazabilidad de lo que pasa en cada lote, hacer seguimiento a las labores, las floraciones y las aplicaciones, y construir predicciones a partir de ese historial. En el caso de los cítricos, donde la cosecha no se ordena por un calendario sino por eventos de floración, tener esos eventos registrados y conectados con el clima y con el monitoreo satelital es lo que permite que la estimación de las próximas semanas tenga una base y no sea una corazonada. Y como cada ciclo alimenta al siguiente, el sistema mejora su estimación conforme acumula información de la propia finca, que es la única que realmente describe cómo se comporta ese material, ese suelo y ese manejo.

El Niño no se puede evitar, pero sí se puede llegar mejor preparado. Entender que el árbol responde de manera distinta según la fase de crecimiento en que lo agarre la sequía, que la nutrición y el agua no se manejan por separado, que la radiación y las plagas se acumulan sobre un árbol ya estresado y que la cosecha en un sistema sin estacionalidad se estima por eventos y no por calendario, ya cambia la forma de tomar decisiones. Lo demás es registrar con disciplina, medir lo que se pueda y ajustar cada ciclo.

Fuentes consultadas

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