Un solo fruto brocado que quedó tirado en el suelo alcanzó a infestar, en promedio, 590 frutos sanos del árbol durante el año siguiente. No 590 frutos en toda la hectárea, sino 590 a partir de uno solo, medido en un ensayo que puso cantidades controladas de frutos brocados en el piso y siguió lo que pasaba arriba durante cuatro años. Ese número, por sí solo, reordena las prioridades del manejo de la broca, porque significa que el insecto contra el que estás aplicando no está principalmente en la copa, está en el café que nadie recogió.
Contra la broca no existe una aplicación que resuelva el problema, existe una secuencia de operaciones baratas que, hechas en el momento correcto, reducen la población de la que arranca el ciclo siguiente. Lo que sigue es dónde está cada una de esas operaciones y qué rinde cada una.
Un insecto que solo está a tu alcance unas horas al día
La hembra de la broca perfora el fruto, se instala en la semilla y allí come, se reproduce y muere. Adentro está protegida de cualquier producto que apliques por aspersión, del sol, de la lluvia y de la mayoría de sus enemigos naturales. Esa vida escondida es lo que la vuelve tan difícil de manejar y lo que explica que tantas aplicaciones bien hechas den resultados decepcionantes; el producto llegó, pero no llegó a donde estaba el insecto.
El único momento en que la broca queda realmente expuesta es el vuelo de dispersión, cuando la hembra ya fecundada sale del fruto viejo y busca uno nuevo para infestar. Durante ese trayecto es vulnerable al control químico y al biológico. Todo lo demás del ciclo ocurre fuera de tu alcance.
Ese vuelo, además, tiene horario. Los estudios de patrones de vuelo con trampas colocadas a distintas alturas registran actividad baja durante el día y la noche con un pico marcado entre las doce del mediodía y las cuatro de la tarde, y trabajos sobre emergencia masiva encuentran que el mayor número de capturas se concentra entre las dos y las cuatro de la tarde en lotes con sombra y entre las tres y las cinco en lotes a plena exposición. La lectura práctica es incómoda para la costumbre de aplicar temprano en la mañana, porque una aspersión hecha a las siete de la mañana deja un residuo que, como veremos, pierde casi toda su actividad antes de que la población objetivo empiece a volar.
De ahí sale la primera regla operativa de este blog. Contra la broca, el momento de la aplicación no es un detalle logístico que se ajusta según la disponibilidad del personal, es una parte del método, y equivocarlo convierte una aplicación completa en un gasto sin efecto medible.
El café que quedó en el suelo es la finca de la broca
El ensayo que abrió este blog merece mirarse completo, porque es de los pocos que cuantifican un mecanismo que todo el mundo intuye. Se colocaron cero, uno, cinco, diez, quince y veinte frutos brocados en el suelo de cafetales jóvenes, en cuatro localidades ubicadas entre 1.218 y 1.700 metros sobre el nivel del mar, y se siguió la infestación de los árboles durante cuatro años que cubrieron un evento de El Niño, uno de La Niña, un año neutro y una transición.
Los frutos brocados del suelo funcionaron como depósito de broca durante 140 días en promedio, con una desviación de algo más de ocho días. Ese solo dato ya explica por qué la infestación reaparece en lotes donde se aplicó bien; el depósito siguió emitiendo insectos durante casi cinco meses después de la cosecha.
La magnitud del efecto cambió con el clima de una manera que vale la pena tener presente. En un año neutro, un fruto brocado del suelo produjo en promedio 590 frutos infestados en los árboles a 1.218 metros; en el año de La Niña esa cifra bajó a 151, y en el año de El Niño subió a 959. Guarda ese rango, porque vuelve dos secciones más adelante cuando hagamos la cuenta de lo que cuesta un repase.
La altitud, por su parte, cambió el tamaño del problema de forma drástica. Bajo el escenario de El Niño, la infestación alcanzó valores de 82 por ciento a 1.218 metros, 42 por ciento a 1.381, 24 por ciento a 1.470 y apenas 5,6 por ciento a 1.700 metros. En términos de finca, eso significa que dos productores con la misma disciplina de recolección enfrentan problemas de escala distinta según dónde estén sus lotes, y que en las partes bajas el repase deja de ser una buena práctica recomendable para volverse la operación que sostiene todo el manejo.
Esto se conecta directamente con los grados día del blog anterior. A menor altitud hay más calor acumulado por día, el ciclo de la broca se completa más rápido y caben más generaciones en la misma ventana de tiempo. La temperatura no es un dato meteorológico decorativo, es el reloj que define cuántas veces se reproduce tu plaga entre una cosecha y la siguiente.
La cosecha oportuna, la aplicación más barata que vas a hacer este año
Con esos números en la mano, la cuenta del repase se hace sola. Si un fruto brocado en el piso puede generar del orden de 150 a 950 frutos infestados según el año climático, entonces cada fruto que tu cuadrilla recoge del suelo y del árbol después de la cosecha principal está evitando un daño que se mide en cientos de frutos, no en uno. Ninguna aplicación de producto tiene esa relación entre lo que cuesta y lo que evita.
La literatura de manejo lo confirma de forma consistente. La cosecha oportuna y la recolección de los frutos maduros y sobremaduros que quedaron en el suelo o en la planta son estrategias eficientes para reducir las poblaciones de la plaga, y en las condiciones de la caficultura colombiana la recolección de los frutos que dejan los recolectores resulta crucial para el manejo. La misma literatura advierte que la viabilidad de esa práctica depende de los recursos, de la disponibilidad de recolectores y de su destreza, que es exactamente el tipo de restricción que se administra con una decisión de finca y no con un producto.
El punto económico es que ese trabajo compite con otros usos de la misma mano de obra, y ahí es donde el precio del grano entra a la cuenta. Cuando el precio recibido sube, cada fruto salvado vale más y el repase se paga con menos frutos recogidos; cuando el precio baja, la misma jornada de recolección necesita evitar más daño para justificarse, y el umbral que calculaste el año pasado deja de servir. Como ya lo abordamos en nuestro blog Cuando el clima y el mercado cambian, reflexiones desde la caficultura colombiana, que puedes leer aquí, el precio interno y la tasa de cambio se mueven en ciclos que no dependen de tu finca pero que sí cambian por completo la rentabilidad de cada labor; el umbral de la broca es uno de los lugares donde ese movimiento se traduce en una decisión concreta de cuántas jornadas de repase autorizas este año.
Saber en qué lote está la broca, no en cuál estaba
¿Podrías señalar hoy, en un mapa de tu finca, los tres lotes donde la infestación viene subiendo hace dos meses, y decir cuándo fue la última lectura de cada uno? En la mayoría de las operaciones esa información existe de forma dispersa, en libretas de distintas personas y en la memoria del mayordomo, y por eso las aplicaciones se ordenan para toda la finca cuando el problema está concentrado en una fracción. Harvis te ayuda a llevar el monitoreo de broca por lote y por fecha, a comparar cada lectura contra el umbral que definiste, a registrar los repases y las aplicaciones con responsable y dosis, y a ver la tendencia de cada lote en lugar de un promedio de finca que esconde justo lo que necesitas ver. Escríbenos y montamos ese registro sobre la estructura de lotes que ya manejas.

Beauveria bassiana, qué se le puede pedir y bajo qué condiciones
El hongo entomopatógeno más usado contra la broca funciona, y funciona dentro de límites que casi nunca aparecen en la etiqueta. Vale la pena conocerlos con números, porque la diferencia entre una expectativa realista y una expectativa inflada es lo que decide si el productor abandona la herramienta después de la primera campaña.
Los ensayos de campo con la cepa comercial GHA reportan una mortalidad del 12 al 15 por ciento en las hembras fundadoras recolectadas de uno a tres días después de la aspersión, y del 9 al 10 por ciento en las recolectadas a los diez días, lo que da del 20 al 25 por ciento de mortalidad por aplicación. La mortalidad acumulada con varias aspersiones se estabiliza entre el 50 y el 60 por ciento. Ese es el techo realista de la herramienta aplicada sola, y es un techo respetable para un producto que no deja residuo y no selecciona resistencia, siempre que no se le pida el papel de un curativo.
El residuo tiene una vida corta que condiciona toda la operación. Los residuos de aspersión infectaron entre el 30 y el 40 por ciento de las brocas en busca de fruto capturadas un día después de la aplicación, y esa actividad cayó por debajo del 11 por ciento pasados dos días. La causa principal es la radiación. Los conidios sin protección quedan prácticamente inactivados con sesenta minutos de sol directo o con veinte segundos de luz ultravioleta de 302 nanómetros, y las formulaciones con ácido húmico al diez por ciento han logrado elevar la persistencia de esporas hasta un 87 por ciento a los siete días de aplicadas.
De ahí salen tres reglas de operación que valen más que cualquier ajuste de dosis. Aplica cuando el sol no esté pegando de frente, preferiblemente en la tarde o en día nublado, porque la mitad del producto se pierde antes de encontrar un insecto. Aplica temprano en el desarrollo del fruto y en las primeras etapas del ataque, no cuando la infestación ya está establecida. Y planea repeticiones, porque una sola aspersión con un residuo que dura dos días no puede cubrir un vuelo de dispersión que se extiende por semanas.
Parasitoides y trampas, lo que cada uno aporta y lo que no
La evidencia más útil de los últimos años viene de un programa de manejo sostenible validado en una finca cafetera experimental colombiana, que comparó los años 2023 y 2024 contra la serie histórica de 2012 a 2022, cuando el manejo se basaba principalmente en insecticidas químicos de síntesis. El programa combinó mapeo de focos con sistemas de información geográfica, liberación dirigida de parasitoides y aplicación del hongo disparada cuando la infestación alcanzaba el umbral.
Los resultados son concretos. La infestación de campo bajó de un promedio histórico de 3,3 por ciento a 1,7 por ciento, quedando por debajo del umbral de acción del 2 por ciento que el programa había fijado. Fíjate en ese detalle, porque es exactamente el mecanismo que explicamos en el blog anterior; el umbral de acción se fijó por debajo del nivel de daño, para que la intervención alcanzara a evitar el problema en lugar de constatarlo.
Sobre los parasitoides, los números permiten separar lo que cada uno hace. Prorops nasuta redujo en 32,1 por ciento el número de estados de desarrollo de la broca dentro del fruto, pasando de 10,9 individuos por fruto no parasitado a 7,0 en frutos parasitados, mientras que el parasitismo por Phymastichus coffea alcanzó picos del 70 por ciento. La actividad de vuelo de la plaga disminuyó de forma marcada frente al promedio histórico. Y el cierre económico, que es lo que en la práctica decide la adopción, mostró un aumento del 26 por ciento en el ingreso neto por hectárea y una tasa marginal de retorno de 18,06.
El otro camino, más lento y más barato, es la conservación de los enemigos naturales que ya viven en tu finca. Un trabajo reciente evaluó veinticuatro fincas cafeteras colombianas durante dos años consecutivos, midiendo infestación, daño y abundancia y diversidad de depredadores y parasitoides con redes de barrido, muestreo por golpeo y cebos para hormigas depredadoras, y encontró que la altitud, la sombra y las prácticas de manejo moldean tanto la infestación como la comunidad de enemigos naturales. La implicación práctica es que las decisiones de sombra y de manejo del sotobosque no son ajenas al manejo de la broca, forman parte de él.
Sobre las trampas conviene ser preciso para no vender lo que no es. Las trampas con atrayente sirven para detectar el inicio del vuelo, medir su intensidad y decidir cuándo intensificar el muestreo o programar una aplicación, y esa función de calendario biológico es valiosa. Pretender que el trampeo masivo reemplace al repase y al control es donde la herramienta decepciona.
Un lote, un repase y una cuenta de cuatro semanas
Todo lo anterior se puede probar en un solo lote y en una campaña, sin comprar equipo.
Elige el lote de menor altitud de tu finca, que por lo que vimos es donde el ciclo corre más rápido y donde la señal va a aparecer primero. Al terminar la cosecha principal, divide ese lote en dos partes comparables y haz repase completo en una de ellas, recogiendo los frutos del suelo y los que quedaron en la planta, mientras la otra queda con tu manejo habitual. Anota las jornadas que costó el repase, que es el dato que después vas a necesitar para la cuenta.
Durante las semanas siguientes muestrea las dos partes con la misma unidad, el mismo número de árboles y el mismo día de la semana, siguiendo el método de muestreo estandarizado que evalúa treinta árboles por hectárea. Registra la temperatura media diaria de una fuente climática regional y acumula grados día, que como vimos en el blog anterior alcanza para anticipar en qué etapa va la población.
Al cabo de dos o tres meses vas a tener la única comparación que importa, la infestación de la parte repasada contra la de la parte no repasada, con el costo del repase escrito al lado. Multiplica la diferencia de frutos infestados por el precio que recibiste y compárala contra las jornadas que invertiste. Ese número es tuyo, corresponde a tu altitud y a tu año climático, y vale más que cualquier recomendación general, incluida la de este blog.
Recoger también es controlar
El manejo de la broca se ha discutido durante décadas como un problema de qué aplicar, y la evidencia lleva el mismo tiempo señalando que es sobre todo un problema de qué recoger y cuándo. El insecto pasa su vida en un sitio donde no lo alcanzas, sale a volar unas pocas horas al día durante unas pocas semanas, y se reabastece de un depósito que está en el suelo de tu lote y que sigue emitiendo brocas durante casi cinco meses. Un programa que ordena esas tres realidades en el tiempo consigue lo que ningún producto consigue solo.
Lo que puedes hacer a partir del lunes cabe en cinco decisiones. Trata el repase como la primera operación del programa y no como una limpieza opcional, porque un fruto del piso puede costarte cientos de frutos del árbol según el año climático. Mueve la hora de aplicación a la tarde o a los días nublados, ya que el residuo del hongo pierde casi toda su actividad con una hora de sol directo y la plaga vuela justamente en las horas de mayor radiación. Pídele a Beauveria bassiana lo que rinde, entre veinte y veinticinco por ciento de mortalidad por aplicación y un techo acumulado cercano al sesenta, y planea repeticiones en vez de esperar un golpe único. Fija tu umbral de acción por debajo del nivel de daño que calculaste, como hizo el programa que bajó la infestación de 3,3 a 1,7 por ciento, y dispara la intervención cuando el muestreo lo cruce y no cuando la fecha lo sugiera. Y empieza por el lote más bajo de tu finca, donde el ciclo corre más rápido y donde cualquier mejora se nota antes. El productor que termina la campaña con la cuenta del repase hecha sabe cuánto le rinde cada jornada; el que no la hizo va a seguir discutiendo precios de insumos sin saber si los necesita.
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Referencias consultadas
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- CTAHR, University of Hawai'i. Recomendaciones para el manejo integrado de plagas de la broca del café. https://www.ctahr.hawaii.edu/oc/freepubs/pdf/ip-33spanish.pdf

