Los pronósticos de la Organización Meteorológica Mundial han elevado a cerca del 90% la probabilidad de que el evento de El Niño se consolide y se mantenga activo hasta finales de 2026, en lo que podría ser uno de los eventos más intensos registrados. Para buena parte de las zonas productoras agrícolas del norte de Sudamérica, eso se traduce en un escenario de menos lluvia, suelos más secos, olas de calor y mayor estrés térmico sobre los cultivos. Por eso ya la preocupación no debe estar si llegará o no, sino qué tan preparado estará tu cultivo cuando llegue.
Tu cultivo tiene un sistema para enfrentar ese estrés, no es un sistema que veas a simple vista, pero es tan real como las raíces o las hojas. Las plantas no tienen cerebro ni sistema nervioso, pero perciben su entorno y toman decisiones como cerrar los estomas para no perder agua, frenar el crecimiento para ahorrar energía, madurar más rápido, soltar frutos que no podrán sostener. Todas esas decisiones las dirige un grupo reducido de mensajeros químicos llamados hormonas vegetales o fitohormonas.
En este y los siguientes blogs vamos a recorrer ese sistema en detalle, qué son las hormonas, cómo los elementos menores como el zinc, molibdeno, cobre, boro, son llaves que las encienden, y cómo todo esto se conecta con los procesos fisiológicos que deciden tu cosecha. Empezamos por lo fundamental que es entender el lenguaje hormonal de tus cultivos, justo cuando un evento climático extremo está a punto de ponerlo a prueba.
¿Qué son las hormonas vegetales y por qué deciden tu cosecha?
Una hormona vegetal es, en esencia, un mensajero químico. Es una sustancia que la planta produce en cantidades diminutas, se miden en millonésimas, y que viaja de un tejido a otro llevando una orden como crece aquí, detente allá, abre, cierra, madura, suelta. No son nutrientes; no alimentan a la planta pues su trabajo es coordinar y decirle a cada parte de la planta qué hacer y cuándo hacerlo, en respuesta tanto a su programa interno de desarrollo como a las señales del entorno.
Una forma de verlo es, si los nutrientes son los materiales de construcción de tu cultivo, las hormonas son los planos y las órdenes de trabajo. Puedes tener todos los ladrillos del mundo, nitrógeno, fósforo, potasio, pero si las órdenes no llegan bien, la construcción se hace mal. Una planta perfectamente nutrida pero con su sistema hormonal alterado crece torcida, florece a destiempo, no cuaja frutos o colapsa ante el primer estrés.
Lo notable es que este sistema funciona sin un centro de control, no hay un cerebro que dé las órdenes. En cambio, las distintas hormonas se producen en distintos lugares, interactúan entre sí, a veces colaborando, a veces oponiéndose, y de ese equilibrio dinámico emerge la "decisión" de la planta. Cuando entiendes ese equilibrio, entiendes por qué tu cultivo hace lo que hace. Y cuando viene un evento como El Niño, entender ese equilibrio es lo que te permite anticiparte en lugar de reaccionar cuando ya es tarde.
Existen cinco grandes familias de hormonas vegetales. Una forma sencilla de organizarlas es dividirlas en dos grupos según su papel principal: las que impulsan el crecimiento y las que gestionan el estrés y la madurez.
Las hormonas del crecimiento: auxinas, giberelinas y citoquininas
Estas tres familias son, a grandes rasgos, el "acelerador" de tu cultivo. Promueven el desarrollo, la división celular y la expansión. Cuando las condiciones son buenas con agua suficiente, temperatura adecuada, son las que mandan.
Las auxinas son las hormonas de la dirección y el crecimiento. La principal se llama ácido indolacético (IAA), y su trabajo es uno de los más amplios de toda la planta, dirige el alargamiento de las células, gobierna la dominancia apical que es el por qué la yema principal crece más que las laterales, y por qué al podarla se activan las ramas de los lados, y es la responsable de la formación y el desarrollo de las raíces. Cuando una raíz crece hacia abajo buscando agua, o un brote se inclina hacia la luz, hay auxinas dirigiendo ese movimiento. En un escenario de sequía, su papel en el crecimiento radicular es clave ya que una buena exploración de raíces es lo que le permite a la planta buscar el agua que escasea.
Las giberelinas son las hormonas del estiramiento y el despertar. Su función más visible es promover el alargamiento de tallos y la expansión de los tejidos, pero también son las encargadas de romper la latencia de las semillas y activar la germinación, y participan en la floración y el crecimiento del fruto. Son, en buena medida, las que hacen que una planta "se estire" y ocupe espacio. Bajo estrés, sus niveles tienden a bajar pues la planta, al sentir que las condiciones se ponen difíciles, deja de invertir en estirarse.
Las citoquininas son las hormonas de la división y la juventud. Promueven la división celular (de ahí su nombre), estimulan la formación de nuevos brotes y, sobre todo, retrasan el envejecimiento de las hojas, manteniéndolas verdes y activas por más tiempo. Donde hay citoquininas, hay tejido joven y productivo. Pero un dado importante es que las citoquininas son antagonistas del ácido abscísico, la hormona del estrés. Cuando una sube, la otra baja. Es el primer indicio de cómo el sistema hormonal cambia de “modo crecimiento" a "modo defensa".
Las hormonas del estrés y la madurez: ácido abscísico y etileno
Si las tres anteriores son el acelerador, estas dos son el freno y el sistema de emergencia de tu cultivo. Y son, justamente, las protagonistas de cualquier evento de estrés como El Niño.
El ácido abscísico (ABA) es la hormona maestra de la respuesta a la sequía. Es la sustancia que decide si tu cultivo sobrevive a un déficit hídrico, cuando la planta percibe que le falta agua, dispara la producción de ABA, y esta hormona ordena una acción inmediata y decisiva: cerrar los estomas, esos poros microscópicos de las hojas por donde se pierde agua, para frenar la pérdida de humedad. Además el ABA induce la latencia, frena el crecimiento y prepara a la planta para resistir. Es una hormona de cautela que sacrifica crecimiento a cambio de supervivencia. En café, este mecanismo del cierre estomático mediado por acumulación de ABA es el componente central de su respuesta a la sequía [8]. En aguacate ocurre algo equivalente, bajo estrés hídrico, la planta sobreexpresa los genes ligados a la respuesta del ABA. Sin ABA suficiente y a tiempo, una planta literalmente no sabe cerrar la llave del agua cuando más lo necesita.
El etileno es la hormona de la madurez y la despedida, y tiene la particularidad que es un gas. Es la hormona que dispara la maduración de los frutos, acelera el envejecimiento (senescencia) de los tejidos, y ordena la abscisión, es decir, la caída de hojas, flores y frutos. El etileno también se produce en respuesta al estrés y a las heridas siendo este su lado peligroso durante El Niño ya que bajo estrés hídrico y térmico severo, un exceso de etileno puede ordenarle a la planta soltar flores y frutos de forma prematura, esa caída de fruta pequeña que tanto frustra al productor y que muchas veces se atribuye solo a "falta de agua", cuando en realidad es una decisión hormonal de la planta para deshacerse de una carga que no podrá sostener.
El punto clave es que bajo un evento como El Niño, el equilibrio hormonal de tu cultivo se inclina del "modo crecimiento" hacia el "modo defensa". Sube el ABA, puede subir el etileno, y bajan las auxinas, giberelinas y citoquininas. Esto es adaptativo —la planta se está protegiendo—, pero tiene un costo directo en tu cosecha: estomas cerrados significan menos fotosíntesis y frutos más pequeños; el etileno alto significa fruta que se cae. Entender este cambio de modo es el primer paso para acompañarlo en lugar de sufrirlo.
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El eslabón invisible: cómo los elementos menores encienden las hormonas
La pregunta ¿de dónde saca la planta estas hormonas? Pues no las absorbe del suelo ni vienen en un bulto. La planta las fabrica, a través de reacciones bioquímicas. Y como toda reacción bioquímica, esas rutas de fabricación necesitan catalizadores o enzimas, que en muchos casos, solo funcionan si tienen un microelemento específico en su centro.
En la actualidad la ciencia lo ha demostrado, y es más directo de lo que parece; el zinc es necesario para fabricar la auxina, activa la enzima que produce el triptófano, que es el precursor a partir del cual la planta sintetiza el IAA. Sin el zinc suficiente, baja la auxina, y por eso la deficiencia de zinc se ve como crecimiento lento y hojas pequeñas, que en el fondo son síntomas de una auxina deficiente. El molibdeno es todavía más decisivo para lo que viene, el paso final de la síntesis del ácido abscísico depende de una enzima llamada la aldehído oxidasa, que obligatoriamente necesita un cofactor de molibdeno para funcionar. Y el cobre es un componente estructural del receptor que le permite a la planta "escuchar" el etileno; entonces sin cobre, ese receptor no detecta la hormona.
Detente un momento en lo que esto significa de cara a El Niño. Una planta deficiente en molibdeno no puede producir bien el ácido abscísico que necesita para cerrar sus estomas cuando llega la sequía. No importa cuánta agua le falte ni cuán fuerte sea su instinto de protegerse: si le falta el microelemento que enciende esa hormona, su respuesta de defensa llega débil o tarde. Lo mismo aplica para el zinc y la auxina, o el cobre y el etileno. Los elementos menores no son un detalle nutricional secundario, se puede considerar que son las llaves que encienden el sistema de decisiones de tu cultivo.
El Niño y la coyuntura hormonal: cómo prepararse de verdad
Con todo lo anterior claro, abordemos la pregunta práctica que importa, frente a uno de los El Niño más fuertes anunciados, ¿qué se puede hacer a nivel hormonal?
La tentación es pensar que la solución es aplicar hormonas directamente, rociar ABA para forzar el cierre de estomas, o citoquininas para mantener el cultivo verde. Existen productos comerciales basados en hormonas y bioestimulantes, y pueden tener un lugar. Pero conviene entender sus límites, la aplicación de hormonas exógenas no es un interruptor mágico. Es extremadamente sensible a la dosis, al momento y a la etapa del cultivo, y mal aplicada puede ser contraproducente; una hormona equivocada o en dosis inadecuada puede causar más daño que beneficio, por ejemplo provocando la caída de frutos que buscabas conservar. No es algo para improvisar, requiere acompañamiento técnico.
La estrategia más confiable y fundamental es otra, siendo la mas indicada, asegurarte de que tu cultivo pueda producir y regular correctamente sus propias hormonas. Y eso depende, en gran medida, de que tenga disponibles los microelementos que las encienden. Llegar a un evento de sequía con el zinc, el molibdeno, el cobre y el boro en niveles adecuados es lo que garantiza que la planta pueda montar su respuesta hormonal de defensa cuando la necesite. Es la diferencia entre darle a tu cultivo las herramientas para defenderse solo, o esperar a rescatarlo cuando ya está en crisis. Esta preparación es preventiva, se hace antes de que llegue el pico de estrés, no durante.
A esto se suman las prácticas agronómicas que reducen la intensidad del estrés que la planta tiene que enfrentar como conservar la humedad del suelo con coberturas y materia orgánica, mantener o establecer sombra en cafetales, regar , aunque sea de forma deficitaria, un riego parcial ayuda, y evitar sumar otros estreses durante la ventana crítica, como podas severas o trasplantes. Un punto contraintuitivo pero importante es que bajo sequía severa no es momento de sobrefertilizar, aplicar grandes dosis de fertilizante en un suelo seco concentra las sales y agrava el estrés, y una planta en "modo defensa" no puede aprovechar ese nutriente de todas formas.
Finalmente, está la parte que sí está en tus manos todos los días, reconocer los síntomas de estrés a tiempo y actuar. La respuesta hormonal de la planta empieza mucho antes de que el daño sea visible, las primeras señales son sutiles incluso casi imperceptible como un crecimiento lento, hojas que pierden su brillo, un marchitamiento leve en las horas de más calor que se recupera al caer la tarde. Si esperas a las señales evidentes como hojas enrolladas o plegadas, marchitez que ya no se recupera de un día para otro, amarillamiento de hojas viejas, caída prematura de flores y frutos, brotes nuevos detenidos, el cultivo ya lleva tiempo en crisis hormonal. La regla práctica es que a la primera señal de estrés, la acción es agronómica y preventiva, conservar humedad, reducir otros estreses, asegurar la nutrición de basa, no esperar a reaccionar cuando la fruta ya está en el suelo.
Qué lotes están hormonalmente desprevenidos
Durante un evento de El Niño, los lotes que colapsan primero no siempre son los más secos. Con frecuencia son los que llegaron al estrés con una deficiencia oculta de microelementos que dejó cojo su sistema hormonal, lotes bajos en molibdeno cuya respuesta de ABA llega débil, o bajos en zinc con un crecimiento radicular pobre para buscar agua.
Ese patrón es prácticamente imposible de ver a simple vista, porque la deficiencia hormonal no se manifiesta hasta que el estrés la pone a prueba, y para entonces ya es tarde. Aquí es donde la tecnología hace lo que la observación de campo no puede. Con Harvis puedes cruzar el estado de microelementos de cada lote con el pronóstico climático de El Niño y la etapa fenológica del cultivo, para señalar, antes de que aparezcan los síntomas, cuáles lotes están desprevenidos para el estrés que se aproxima. No es esperar a ver el cultivo marchito, es identificar con anticipación, dónde la maquinaria hormonal va a fallar y corregir la base nutricional a tiempo.
Como ya lo abordamos en nuestro blog El Niño 2026: cómo preparar tu cultivo para el fenómeno climático que se aproxima, que puedes leer aquí, anticiparse a este evento es la única estrategia que realmente protege la producción. Esta temporada le agrega una capa nueva a esa preparación, no basta con manejar el agua y la sombra; hay que asegurar que el sistema hormonal de tu cultivo tenga, antes de que llegue el estrés, todo lo que necesita para tomar las decisiones correctas.
Tu cultivo ya sabe defenderse de El Niño. Tu trabajo es darle, a tiempo, las herramientas para hacerlo.
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Referencias consultadas
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- Jardim-Messeder, D., de Souza-Vieira, Y., y Sachetto-Martins, G. (2025). Dressed Up to the Nines: The Interplay of Phytohormones Signaling and Redox Metabolism During Plant Response to Drought. Antioxidants / MDPI. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11768152/
- Zhao, W., Chen, X., Wang, J., Cheng, Z., Ma, X., Zheng, Q., Xu, Z., y Zhang, F. (2025). Emerging Mechanisms of Plant Responses to Abiotic Stress. Plants / MDPI. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12655730/
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