El calor y el ordeño, a qué hora se pierde la leche y cómo cuidarla

Cuando el día se calienta, la vaca gasta energía en enfriarse, come menos en las horas de sol y la leche baja uno o dos días después. Saber a qué hora le pega el calor, y qué logran la sombra, el agua y el horario, permite cuidar el ordeño antes de que llegue la seca.

El calor y el ordeño, a qué hora se pierde la leche y cómo cuidarla

Es la tercera tarde seguida de sol fuerte y el ordeñador anota menos litros que la semana pasada. El potrero es el mismo, el concentrado no cambió y las vacas no están enfermas. Lo que cambió fue anteayer, un día despejado, sin brisa y húmedo, y la leche que se perdió ese día apenas está apareciendo en el tanque. En una lechería la caída más grande llega entre 36 y 48 horas después del día caliente, de modo que quien mira solo el ordeño de hoy busca la causa en el lugar equivocado.

Hay más de 95% de probabilidad de que El Niño siga activo hasta el primer trimestre de 2027, y 63% de que llegue a ser muy fuerte entre noviembre y enero, con temperaturas por encima de lo normal en buena parte del país. Para una lechería eso significa más días de disminución de la producción juntos y seguidos, justo cuando el pasto empieza a escasear.

En este blog vamos a hablar de por qué una vaca de leche sufre el calor más que otros animales, de cómo se mide el calor que de verdad le hace daño, de a qué hora del día la golpea y por qué la noche decide la recuperación, y de lo que sí funciona en el potrero y en el establo para sostener los litros.

El calor que la vaca no puede botar

Una vaca que da leche es, por dentro, una pequeña caldera. Para producir cada litro digiere mucho pasto y mucho concentrado, y esa digestión, que ocurre en la panza por fermentación, suelta calor todo el día. Mientras más leche da, más calor genera, y por eso la vaca de alta producción es la primera en sentir el día caliente. Ese calor sale de pocas maneras: sudando, respirando más rápido y, cuando no alcanza, jadeando con la boca abierta.

El problema es que esas salidas cuestan. Una vaca con calor gasta entre 7% y 25% más energía solo en mantenerse, energía que alcanzaría para producir entre 1 y 3,4 kilos de leche al día. Además, la vaca acalorada deja de comer en las horas de sol.

Por cada punto que sube el índice de calor, que explico en la siguiente sección, una vaca de leche come cerca de medio kilo menos de materia seca al día. Pero comer menos no explica toda la pérdida. En un ensayo con vacas Holstein, darles a vacas en clima fresco la misma comida reducida que comían las vacas con calor explicó apenas entre 40% y 50% de la leche perdida; el resto se va en lo que el calor le hace al cuerpo por dentro. Por eso subir el concentrado en los días calientes no devuelve la leche.

La humedad empeora todo. El sudor enfría cuando se evapora, y en un aire cargado de agua se evapora poco, así que el mismo día de 28 grados pesa mucho más con humedad y sin brisa. Las razas cruzadas con cebú o con criollo aguantan mejor ese aire pesado, y más adelante vuelvo sobre por qué eso no las vuelve inmunes.

Temperatura y humedad juntas, el número que avisa antes que el tanque

Como el calor que sufre la vaca depende de la temperatura y de la humedad al mismo tiempo, se usa un solo número que junta las dos, el índice de temperatura y humedad. No hace falta calcularlo a mano: con un termómetro que también marque la humedad y una tabla impresa, cualquiera en la finca lo puede leer. La escala se lee así: por debajo de 68 la vaca no muestra estrés; entre 68 y 72 el estrés es leve; entre 72 y 78 es moderado, y de 78 para arriba es severo.

En la práctica, una vaca de leche empieza a perder producción cuando el índice pasa de 68, y en el trópico ese número se supera muchos días del año, porque en las zonas cálidas el índice se mantiene por encima de 69 casi todo el tiempo. Ahí está la primera lección: en tierra caliente el estrés por calor no es un evento raro de verano, es la condición normal sobre la que caen los días peores.

Ese umbral cambia con la raza. En más de veinte mil vacas cruzadas de Holstein en clima tropical, la leche empezó a caer cuando el índice llegó a 76, bastante por encima del umbral de la Holstein pura. La vaca cruzada aguanta más, pero no aguanta todo.

Ese 76 se alcanza con unos 26 grados y una humedad cercana al 65%, una tarde común en tierra caliente o templada. Es decir que el día en que el termómetro del corral marca eso, incluso la vaca cruzada ya está pagando.

Este número, además, avisa con ventaja. Como la leche baja uno o dos días después del día caliente, y en vacas recién paridas responde al índice de dos días antes, un índice alto anotado hoy te dice qué va a pasar en el ordeño del jueves.

A qué hora le pega el calor, y por qué la noche fresca es la que la salva

El calor de un día no golpea parejo. En la mañana la vaca arranca con el cuerpo fresco de la noche y va acumulando calor a medida que sube el sol. El peor momento llega en la tarde, cuando el índice está en su punto más alto y el cuerpo de la vaca lleva horas sin poder botar todo lo que recibe: en un ensayo con calor controlado, las vacas llegaron en las tardes a 40,6 grados de temperatura interna, casi dos grados por encima de lo normal en una vaca sana. Una persona con esa diferencia estaría con fiebre.

Por eso el pastoreo de las dos de la tarde es el que más leche cuesta. Una vaca a pleno sol a esa hora no está comiendo: busca sombra o se queda quieta, y lo que deja de comer al mediodía no lo recupera del todo. Las vacas con calor comen más en las horas de la noche, cuando baja la temperatura, así que la comida que no quieren a mediodía sí la quieren a las nueve de la noche.

La noche es también el momento en que la vaca se recupera. Si la temperatura baja de unos 21 grados durante la noche, el animal tiene un margen para soltar el calor del día y amanecer listo para otra jornada. El daño grande aparece cuando la noche no refresca: la vaca empieza el día siguiente con el calor del anterior encima, y cada día se suma al otro. En años de El Niño, con noches más calientes de lo normal, es esa cadena de noches sin alivio la que tumba los litros, más que un solo mediodía.

Esto cambia lo que conviene medir: la temperatura del mediodía dice cuánto sufrió la vaca, y la de la madrugada dice si se recuperó. Como ya lo abordamos en nuestro blog Ganadería inteligente: La forma en como la tecnología transforma la producción pecuaria del siglo XXI, que puedes leer aquí, la tecnología en la lechería sirve cuando convierte lo que pasa en el potrero en un dato que se puede consultar; en el caso del calor, ese dato es la temperatura y la humedad de cada hora, incluida la madrugada, puesta al lado de los litros de cada ordeño.

Ganadería inteligente: La forma en como la tecnología transforma la producción pecuaria…

Saber qué potrero y qué hora le cuestan leche a tu hato

¿Sabes cuántos litros perdiste la semana pasada por el calor, y en qué potrero estaban las vacas los días en que más bajó el tanque? En la mayoría de las lecherías la temperatura no se anota, los litros se miran por el total del tanque y nadie cruza las dos cosas, así que el calor se siente pero no se puede manejar. Harvis te ayuda a registrar desde el celular la temperatura y la humedad de cada día, los litros por ordeño y el potrero donde estuvo cada grupo, y te muestra cuándo un día caliente se convirtió en leche perdida dos días después y en qué potrero pasó. Escríbenos y lo montamos sobre los potreros y los grupos de vacas que ya tienes.

Sombra, agua y horarios, qué funciona en el potrero y qué en el establo

La sombra es la primera defensa, y en el potrero la sombra más barata es la de los árboles. En un sistema de ganado de carne con árboles dentro del pasto, la copa bloqueó el 62,4% de la radiación del sol, y los animales que pastaban ahí mostraron menos señales de estrés en la sangre que los que estaban en potrero abierto. Donde no hay árboles, una polisombra que tape entre 70% y 80% del sol cumple la misma función en el corral o en la sala de espera.

La sombra se nota en el ordeño, sobre todo en las vacas recién paridas. En un ensayo con vacas de alta producción en pastoreo, el calor de dos días antes bajó la leche tanto en las vacas con sombra como en las que no la tenían, pero en las que tenían sombra la caída fue menor. La sombra no borra el efecto del calor; lo achica, y en una vaca al inicio de la lactancia, que es cuando más produce, achicarlo vale mucho.

El agua es la segunda defensa, y la más olvidada. Una vaca con calor toma más agua: el consumo subió 29% cuando la temperatura pasó de unos 18 a unos 30 grados. Y la toma en momentos concretos, porque entre 30% y 60% del agua de todo el día se la bebe poco después del ordeño. Por eso un bebedero amplio a la salida del ordeño rinde más que dos en el fondo del potrero.

En pastoreo, la vaca no debería caminar más de unos 180 metros hasta el agua, y lo recomendable es un bebedero por cada 15 a 20 vacas, con al menos dos fuentes por grupo, para que las vacas más tímidas no se queden sin tomar. Si el agua queda lejos, la vaca camina al sol para tomar o, peor, toma menos de lo que necesita.

El horario es la tercera defensa, y no cuesta nada. Si las vacas comen más en la noche, conviene que el potrero nuevo se abra al final de la tarde y que el concentrado y el forraje de corte se repartan en las horas frescas. Mover el pastoreo de la tarde al potrero con más sombra, y dejar el potrero abierto para la madrugada y el anochecer, aprovecha el mismo pasto sin pedirle a la vaca que coma en el peor momento. Y el arreo a mediodía, caminando al sol, les suma calor justo antes del ordeño.

Queda la raza. Las vacas cruzadas aguantan más porque sus umbrales están más arriba. Hay incluso un tipo de pelo corto y liso, heredado de una raza de origen tropical, que les permite a las vacas Holstein que lo portan sudar más, mantener más baja la temperatura del cuerpo y perder menos leche en verano. Y en un ensayo de sombra con vacas Gyr, una raza cebú lechera, y Girolando, su cruce con Holstein, las Girolando dieron cerca de 16 kilos al día frente a casi 10 de las Gyr. Pero la raza no reemplaza el manejo: una vaca cruzada sin sombra, sin agua cerca y pastoreando al mediodía también pierde leche, solo que empieza a perderla unos grados más tarde.

Lo que un ensayo no te dice de tu potrero

Primero, los umbrales de calor dependen de la raza y del nivel de producción. El 68 es la referencia para vacas Holstein de alta producción, y el 76 salió de vacas cruzadas en clima tropical. Un hato de cruces con cebú o de razas criollas no tiene por qué empezar a perder leche en el mismo número, y en tres razas criollas colombianas medidas bajo las mismas condiciones no aparecieron diferencias entre ellas. El umbral de tu hato solo lo da tu propio registro.

Segundo, el índice se calcula con el aire a la sombra, y la vaca en el potrero recibe el sol directo y más o menos viento. En ganado criollo, un índice que además tiene en cuenta el viento y la radiación del sol describió mejor el estrés que el índice de temperatura y humedad solo. El número del termómetro es una referencia, no la medida exacta de lo que siente cada vaca.

Tercero, la sombra no funciona igual en todas partes. En un ensayo con vacas Gyr y Girolando, la sombra de los árboles dejó la piel de la ubre cerca de 2 grados más fresca, pero la temperatura interna de las vacas no bajó, y los autores lo atribuyen a que bajo los árboles corría menos aire. Una sombra densa en un rincón sin brisa puede dar menos alivio del esperado, y eso se revisa mirando a la vaca, no solo al árbol.

Cuarto, las cifras de este blog vienen de ensayos en Tailandia, Brasil, Suecia y Estados Unidos, con razas y sistemas que no son los de tu finca. Las 36 a 48 horas de demora o los 21 grados de la noche son referencias para empezar, no números para copiar. Lo que sí viaja es la lógica: medir el calor de cada día, incluida la madrugada, y ponerlo al lado de los litros de dos días después.

Diez vacas, un termómetro de pared y el litro de cada ordeño

Escoge diez vacas en producción del mismo grupo, mejor si varias están al inicio de la lactancia, que son las que más sienten el calor. Durante cuatro semanas registra los litros de cada una en cada ordeño, no el total del tanque. Diez vacas bastan para ver el patrón sin que el registro se vuelva una carga.

Cuelga en el corral o en la sala de espera, a la sombra y lejos del techo de zinc, un termómetro de pared que también marque la humedad. Léelo tres veces al día, a las seis de la mañana, a las dos de la tarde y a las nueve de la noche, y anota los dos números. Con una tabla impresa del índice de temperatura y humedad vas a saber cuáles días pasaron de 68. Fíjate sobre todo en la lectura de la madrugada: si la noche no bajó de unos 21 grados, ese día cuenta doble.

Al final de cada semana, compara los litros de cada vaca con el índice de dos días antes, porque la caída grande llega entre 36 y 48 horas después del día caliente. Si las diez vacas bajan juntas después de los días de índice alto, ya encontraste el umbral de tu hato. Anota también en qué potrero estuvieron esos días y si tenían sombra y bebedero cerca, y mira si el bebedero a la salida del ordeño está realmente lleno a esa hora, porque ahí se toma entre 30% y 60% del agua del día.

En la tercera y la cuarta semana, prueba un solo cambio, por ejemplo pasar el pastoreo de la tarde al potrero con más árboles o dar el forraje fresco al anochecer, para que el registro te diga qué funcionó. Al cabo de cuatro semanas vas a tener el número de calor en el que tu hato empieza a perder leche, la hora del día que más te cuesta y un cambio de manejo probado en tu propia finca.

La leche que se pierde a mediodía se cuida desde la noche

El calor no le quita la leche a la vaca de un golpe ni en el momento en que se siente. Se la quita en tres pasos: le hace gastar energía en enfriarse, la aleja del comedero en las horas de sol y la deja sin recuperarse cuando la noche no refresca. Por eso la pérdida aparece uno o dos días después y se confunde con cualquier otra cosa. En un año de El Niño fuerte, la lechería que entiende ese orden actúa antes de que el tanque baje.

Lo que puedes hacer desde el lunes cabe en cinco decisiones. Cuelga un termómetro con humedad en el corral y anota la madrugada, la tarde y la noche, porque la madrugada es la que dice si la vaca se recuperó. Pon el bebedero más grande a la salida del ordeño y revisa que tenga agua cuando salen las vacas. Pasa el pastoreo de las horas de sol al potrero con más sombra y deja el potrero abierto para el anochecer. Reparte el forraje y el concentrado en las horas frescas, cuando la vaca sí quiere comer. Y mira los litros de cada vaca contra el calor de dos días antes, no contra el de hoy. El ganadero que termine la temporada seca con ese registro va a saber cuánto calor aguanta su hato y qué cambio le devolvió litros; el que solo mire el tanque va a seguir culpando al pasto, a la vaca o al concentrado de lo que fue un mediodía sin sombra y una noche sin alivio.

¿Quieres saber qué días de calor te costaron leche, en qué potrero y a qué hora, para cambiar el manejo antes de que baje el tanque? Escríbenos y te mostramos cómo Harvis junta el termómetro del corral y los litros de cada ordeño en un solo registro.

Referencias consultadas

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